Líderes del futuro: Activistas de Parkland

Emma González ahora es reconocida dondequiera que va. Si bien este nivel de exposición era lo que quería, le resulta difícil. Como el resto de sus amigos, González dice que en la escuela era una chica normal.

Ella estaba en su último año de la escuela secundaria, y estaba pensando en la universidad a la que quería ir. No ambicionaba ser una activista, “no quería ser otra voz perdida entre la multitud y que la gente me escuchara en ese momento de mi vida. Todavía estaba tratando de convertirme en la persona que estaba tratando de ser.” Pero pronto, junto con sus compañeros de clase, su infancia llegó a su fin. En la tarde del 14 de febrero 2018, 17 estudiantes y maestros murieron en un tiroteo masivo en su escuela. González estaba en el auditorio asistiendo a una clase cuando sonó la alarma de incendio. Ahora, ella y sus amigos están planeando una revolución. Quieren cambiar el rostro de las leyes de armas en Estados Unidos.

El día del tiroteo, mientras que González se concentraba en mantener la calma a sus amigos, David Hogg había sido conducido a un armario con varios compañeros de clase para esconderse. En medio del pánico, sacó su móvil y empezó a relatar la escena a una audiencia que aún no existe. ‘En este momento, estamos en una escuela,’ murmura, como un reportero de guerra. ‘Un tirador activo. No es un simulacro.’ A pesar de estar en este momento caótico, pudo hacer una declaración política rotundo. ‘El hecho de que los tiroteos escolares hayan ocurrido tanto hasta el punto de que necesitamos simulacros para ellos casi tanto como simulacros de incendio es inaceptable. Hago un llamado a los legisladores de este país para que tomen medidas y eviten que esto suceda.’ Hogg dice que fue en este armario donde se convirtió en activista.

Cuando el tiroteo se acabó, y el culpable, Nicolás Cruz había sido detenido, para la mayoría de la gente de la escuela, era el momento de llorar y orar por los muertos y sus familias. Pero para estos chicos, no hubo tiempo para llorar. Solo tres días después de la tragedia, González mostró un coraje increíble para aparecer en una manifestación de control de armas en Fort Lauderdale y pronunciar un discurso apasionado mientras que luchaba contra sus lágrimas. Llamó “B.S.” sobre el presidente Trump, otros políticos y la NRA por no endurecer las leyes de armas que podrían prevenir “los cientos de tragedias sin sentido que han ocurrido”. Su discurso se transmitió a nivel nacional y su nombre comenzó a ser tendencia en Twitter esa tarde. Creó el identificador @Emma4Change para promover leyes de armas más estrictas y, junto con otros sobrevivientes de Parkland, fundó March for Our Lives, una organización que impulsa leyes de armas más estrictas y registra a votantes jóvenes.

No hace falta decir que el movimiento que iniciaron se incendió. Su primer gran evento, la March For Our Lives en Washington, atrajo a cientos de miles de manifestantes en la capital de la nación, y al menos a 1 millón de manifestantes en más de 800 marchas hermanas en todo el mundo. March for Our Lives tiene actualmente cerca de 200 delegaciones locales en todo el país. Para 2021, el grupo espera “duplicar eso, o incluso más”, dijo Corin. Ahora, la noticia de un tiroteo en una escuela en Estados Unidos no se recibe solo con flores y propuestas de cambio poco entusiastas por parte de políticos egoístas, se recibe con escolares que marchan en las calles. Pero los fundadores del movimiento saben mejor que nadie que si bien pueden estar orgullosos, lo que necesitan son resultados, cambios tangibles en las leyes de armas. Y han aprobado. En los años en que March For Our Lives ha estado activo, se aprobaron docenas de leyes de control de armas a nivel estatal en 20 estados. Estas leyes ya se están utilizando para prevenir tiroteos, dijo Hogg. “Lo que más me enorgullece son las historias sobre las que no se informó porque no sucedieron.”

Pero los activistas de Parkland notan que todavía hay mucho trabajo por hacer, y son optimismos sobre el futuro. Si pregunta a diferentes miembros de March for Our Lives si su organización seguirá existiendo en cinco o diez años, darán aproximadamente la misma respuesta. No quieren que la organización exista para siempre. En diez años esperan que los Estados Unidos ya haya aprobado un conjunto de leyes de armas más estrictas, invertido en programas locales de prevención de la violencia y reducido significativamente la violencia con armas de fuego.

Después de tres años de actividad, parece que no descansarán hasta que esto suceda.

Ben Underhill